De Reojo de Betsabeé Romero
por Caroline Perrée
Nacida en 1963 en la Ciudad de México, Betsabeé Romero creció en el núcleo de las dificultades de circulación vial, de la violencia urbana fruto de la delincuencia y de una cultura mestiza e híbrida. A través de los motivos de las flores pintadas de Guerrero, el barro negro de Oaxaca, la sombra de la Virgen de Guadalupe, los dibujos precolombinos, los discos enigmáticos del Juego de Pelota, la iconografía de la artista plástica Betsabeé Romero es acorde con su ciudad: un mestizaje temporal de referencias artesanales, artísticas, tradicionales y vanguardistas. Estas referencias son coherentes con su obra porque se integran en la interacción constante entre el pasado y el presente que funda su enfoque. En el universo automovilístico característico de su obra, que hace referencia a la primacía de la velocidad que domina en las sociedades modernas, Betsabeé Romero utiliza la cultura automotriz para atrapar el tiempo, invirtiendo su linealidad. La rueda, núcleo de su trabajo, es el medio privilegiado de una ruta a través de la cual el tiempo vuelve para poner de manifiesto el pasado a través de los grabados que la adornan. La rueda se convierte entonces en lugar de memoria de un pasado que contiene y revela al mismo tiempo; por su forma circular es emblemática del tiempo que la artista nos invita a entender en su funcionamiento cíclico, y que se manifiesta por un imaginario de formas traídas del pasado que no cesan de reaparecer en la actualidad.
El automóvil es para la artista un vehículo de contradicciones ya que representa un espacio tranquilizador y familiar, pero que al mismo tiempo es un lugar peligroso por todos los accidentes mortales que provoca. En Reojo (2006), la artista acelera la tensión entre el peligro y la protección a través de un accesorio para el automóvil: el retrovisor, adornado con el dibujo de las flores que se pueden observar en el vestido de la Virgen de Guadalupe, omnipresente en la cultura mexicana. La artista asocia los símbolos de la devoción popular con los materiales de la cultura urbana para denunciar la cruda cotidianidad de las mujeres en México y en Centroamérica, que son reiteradamente víctimas de feminicidios, siendo el caso de Ciudad Juárez el más emblemático por su gran difusión. El uso que la artista da al retrovisor lo convierte en metáfora del ojo avizor del cual tienen que armarse las mujeres en cada uno de sus desplazamientos, mientras que las flores simbolizan las plegarias que se le hacen a la Virgen de Guadalupe para protegerse de una muerte segura. Expuesto, el retrovisor interpela al espectador y lo coloca en la posición de la mujer acosada, creando un juego de reflejos y de mise en abyme entre el ojo que observa y el del observado.