Migr´Art Territorios y desplazamientos.

 

Foto de la Bestia de Isabel Muñoz

por Caroline Perrée

 

Isabel Muñoz (1951) es una fotógrafa española cuyo trabajo asocia la estética a la denuncia social. El cuerpo y sus múltiples declinaciones constituyen el núcleo de su exploración: desnudez, ornamentación ancestral o contemporánea, étnica o urbana. En series de gran formato, a menudo en blanco y negro, la artista retrata el cuerpo, captando su ímpetu. ¿Qué conserva de él? Su movimiento. Con especial aprecio al trabajo de los bailarines, Muñoz dirige su lente hacia el cuerpo y a su ligereza en el espacio que pareciera desafiar las leyes de la gravedad y del equilibrio. Con Muñoz, el cuerpo revolotea, se tuerce, se estira, se despliega, se convierte en voluta ondeante semejante a las cambiantes formas barrocas que extasían la mirada de la artista. Incluso en sus paisajes, el cuerpo abunda en forma de estatua de piedra, mientras que la materia de los muros revela su gusto por el ornamento. El cuerpo, tanto el de carne y hueso como el de piedra, se entrega mediante una estética de la desnudez y del adorno en la cual la piel ocupa un lugar central, ella es el verdadero leitmotiv, el espejo del estar en el mundo.

 

Entre 2008 y 2009, Isabel Muñoz y el periodista salvadoreño Oscar Martínez se subieron tres veces al tren de carga “la Bestia”, en el cual viajan migrantes de Centroamérica, pasando por México, con rumbo a los Estados Unidos. Este “tren de la muerte” es el escenario de una aterradora brutalidad que va desde el secuestro y la violación por parte de grupos armados hasta caídas que provocan múltiples amputaciones. En esta serie de 33 a 52 fotos, Isabel Muñoz conjuga la estética del cuerpo con la de la máquina. Sus fotografías escenifican el combate desproporcionado entre el armazón metálico del tren y el cuerpo endeble del migrante en un cuerpo a cuerpo de la piel contra los rieles. Al movimiento de la máquina responde aquel del cuerpo que huye, proyectándose en un salto que recuerda al bailarín y su equilibrio aéreo, a diferencia del migrante que se juega la vida y “salva el pellejo” con un salto logrado. El desenfoque de la pierna derecha y la parte delantera del pie izquierdo apenas apoyada sobre el techo del vagón nos hacen sentir el riesgo de la caída, mientras que el encuadre del cuerpo entre ambos vagones subraya la aplastante amenaza que representa la máquina. La toma en ángulo contrapicado ensancha la distancia entre las piernas y permite abrir una amplia perspectiva hacia un cielo salpicado de nubes cuyo paso refuerza la sensación de movimiento, mientras que el azul del cielo abre un horizonte de esperanza y de libertad más allá de los vagones. Este salto de todos los peligros es al mismo tiempo un himno a la libertad, una libertad que hay que desafiar y arrebatar. El encuadre sin rostro logra que la acción sea más universal puesto que simboliza el riesgo que toman todos y cada uno de los migrantes al viajar en este tren.